¿Qué es el tofu o queso de soja?
El tofu tiene mala fama por una razón entendible: la mayoría lo probó una vez, salido del paquete y sin preparación, y le pareció una esponja sin gusto.
El problema no es el tofu: es que casi nadie sabe que hay dos pasos previos que lo cambian por completo.
Qué es exactamente
Es, básicamente, un queso de soja. Se hace igual que un queso fresco, pero con bebida de soja en vez de leche: se coagula con sal de magnesio (nigari), limón o vinagre, y la cuajada resultante se prensa en bloques.
Se consume en Asia desde hace más de dos mil años. Su gracia es justamente que no tiene sabor propio marcado: absorbe el de lo que le pongas. Eso que muchos leen como defecto es en realidad su mayor virtud.
Qué aporta
- Proteína completa: unos 8 a 12 g cada 100 g, con todos los aminoácidos esenciales. Es de las pocas proteínas vegetales que cumplen esa condición.
- Calcio: importante, aunque depende del coagulante. Si se usó sulfato de calcio, el aporte es considerable — mirá la etiqueta.
- Hierro, magnesio y fósforo.
- Bajo en calorías: alrededor de 75 cada 100 g.
- Sin colesterol, por ser de origen vegetal.
Un matiz para no exagerar: reemplazar carne por tofu puede mejorar el perfil de grasas de la dieta, pero ningún alimento por sí solo «baja el colesterol». Lo que cuenta es el patrón general de lo que comés.
Los dos pasos que cambian todo
1. Prensarlo
El tofu firme viene cargado de agua. Si lo cocinás así, se cocina al vapor de su propia humedad: nunca dora y queda blando.
Envolvelo en un repasador limpio, ponele encima algo pesado (una olla, un par de libros) y dejalo 20 o 30 minutos. Vas a ver cuánta agua suelta. Ese solo paso cambia la textura por completo.
2. Marinarlo
Como no tiene sabor propio, hay que dárselo. Prensado, absorbe la marinada como una esponja.
Una base que funciona siempre: salsa de soja + ajo + jengibre + un toque de aceite de sésamo. Media hora alcanza; toda la noche es mejor.
Qué variedad comprar
- Firme o extra firme: para saltear, hornear o hacer a la plancha. Es el que conviene si estás empezando.
- Blando: para sopas y guisos, donde se desarma un poco y está bien que así sea.
- Sedoso: textura de flan. Va en licuados, salsas cremosas y postres — reemplaza muy bien a la crema.
- Ahumado: ya viene con sabor, listo para sándwiches y ensaladas sin más trámite.
Tres formas fáciles de arrancar
- Al horno: en cubos, con un poco de aceite y una cucharada de fécula de maíz (esto lo vuelve crocante), 25 minutos a 200 °C dándolo vuelta a la mitad.
- Revuelto: desmenuzado en la sartén con cúrcuma, cebolla y morrón. Se parece bastante a unos huevos revueltos.
- Salteado: dorado y sumado al final de un salteado de verduras con salsa de soja.
También lo usamos en el sándwich de tofu ahumado con vegetales.
Cómo conservarlo
Una vez abierto, en la heladera sumergido en agua, en un recipiente cerrado. Cambiá el agua todos los días y dura entre 3 y 5 días.
Se puede congelar, y pasa algo curioso: al descongelarse queda más poroso y esponjoso, con mucha más capacidad de absorber marinada. A mucha gente le gusta más así.
Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta con un nutricionista.
