Ensalada de garbanzos con tomate, aceitunas y queso: 10 minutos
Esta ensalada de garbanzos con tomate, aceitunas y queso es la que hacés cuando no tenés ganas de cocinar pero tampoco querés comer cualquier cosa. Diez minutos, sin prender el fuego, y llena de verdad.
Ingredientes (para 2 porciones)
- 1 lata de garbanzos (400 g)
- 2 tomates o 15 cherries
- 1 puñado de aceitunas negras
- 100 g de queso feta o port salut
- 1/2 cebolla morada
- 1/2 pepino
- Orégano, aceite de oliva, sal y pimienta
Preparación
1. Enjuagá los garbanzos
Bajo el chorro, hasta que deje de salir espuma. Ese líquido turbio de la lata tiene sodio y un gusto metálico que arruina cualquier ensalada fría.
2. Domá la cebolla
La cebolla morada cruda puede ser demasiado agresiva. Cortala en pluma fina y dejala cinco minutos en agua con un chorro de vinagre: pierde la mordida y queda con un rosa precioso.
3. Salá el tomate aparte
Cortá los tomates, ponelos en un colador y salalos. En cinco minutos sueltan el agua. Si los sumás directo, esa agua termina en el fondo del bol y te queda una sopa.
4. Mezclá
Todo en un bol, oliva generoso, orégano y pimienta. El queso va al final y desgranado con la mano, no cortado: quedan trozos irregulares y eso está bien.
Cuidado con la sal: entre las aceitunas y el queso ya viene bastante salada.
Por qué llena tanto para lo poco que parece
Una lata de garbanzos tiene unos 20 gramos de proteína y 15 de fibra. Sumale la grasa de la aceituna y el queso, y tenés la combinación que más retrasa el vaciado del estómago.
Es la diferencia entre una ensalada que te deja con hambre a las dos horas y una que te sostiene hasta la próxima comida.
Mejora con el tiempo
Una de las pocas ensaladas que está mejor al día siguiente. El garbanzo absorbe el aceite y el orégano, y todo se integra. Aguanta tres días en la heladera.
Por eso es ideal para llevar al trabajo: la hacés el domingo y tenés dos almuerzos resueltos.
