Nutrición y Alimentación

5 frutos secos y para qué sirve cada uno

Los frutos secos suelen meterse todos en la misma bolsa: «son sanos, comé un puñado». Es cierto, pero se pierde lo interesante — cada uno tiene un perfil distinto, y elegir a propósito cambia bastante lo que sumás.

Lo que tienen todos en común

Grasas insaturadas, fibra, proteína vegetal, magnesio y vitamina E. También son calóricos: entre 550 y 650 calorías cada 100 gramos.

Por eso la medida es siempre la misma: un puñado por día (25 a 30 gramos). No es una restricción caprichosa — más que eso deja de sumar y empieza a desplazar otras cosas del plato.

Nuez — la del ánimo y el corazón

Es la única con una cantidad relevante de omega 3 de origen vegetal, y eso la distingue de todas las demás.

Hay estudios que asociaron el consumo diario sostenido con menor estrés percibido y mejor estado de ánimo en adultos jóvenes. Conviene leerlo con calma: son efectos modestos, medidos en grupos chicos y en pocas semanas. No es un antidepresivo, es un alimento que acompaña.

Elegila si: querés sumar omega 3 sin comer pescado.

Pistacho — el que más rinde por caloría

Es de los más livianos del grupo y el que más fibra aporta. Un dato práctico: unos 25 pistachos son 100 calorías, así que por porción se come bastante volumen.

Suma luteína y zeaxantina, dos antioxidantes que se concentran en la retina y se asocian a la salud ocular.

Ventaja secreta: si los comprás con cáscara, el acto de pelarlos hace que comas más lento y termines comiendo menos.

Elegilo si: picoteás por ansiedad y querés algo que dure.

Almendra — la más completa

La más equilibrada: calcio, vitamina E, zinc y una buena cantidad de proteína (21 g cada 100 g). Si tuvieras que elegir una sola para tener siempre en casa, sería esta.

El calcio la vuelve especialmente útil si no consumís lácteos.

Elegila si: querés una sola opción que sirva para todo.

Nuez pecana — la de menos hidratos

Es la más baja en carbohidratos del grupo: unos 4 gramos por onza, contra 6 de la almendra y 9 de la castaña de cajú. Por eso es la preferida en dietas bajas en hidratos.

Aporta beta-sitosterol, un esterol vegetal que compite con el colesterol en la absorción intestinal.

Elegila si: estás cuidando los hidratos o el colesterol.

Castaña de cajú — la del perfil metabólico

La más cremosa y la que mejor funciona en cocina (salsas, salteados, leches vegetales). Es también la que más hidratos tiene del grupo.

Algunos ensayos clínicos en adultos con sobrepeso mostraron mejoras en el perfil lipídico tras varias semanas de consumo regular. Como siempre: dentro de una dieta ordenada, no como reemplazo de nada.

Elegila si: además de picotear, cocinás.

Cuatro cosas prácticas

  • Crudos o tostados, da casi lo mismo. El tostado suave no destruye los nutrientes. Lo que cambia el juego es la sal y el aceite agregados: mirá la etiqueta.
  • Guardalos en frasco hermético y al fresco. Sus grasas se oxidan y toman gusto rancio. Si el paquete ya está abierto hace rato, la heladera los conserva mejor.
  • Mezclarlos es mejor que casarse con uno. Cada uno aporta algo distinto; un frasco combinado resuelve.
  • Ojo con los «mix» del kiosco: suelen traer maní salado y pasas azucaradas, que cambian bastante la cuenta.

Si querés tostarlos vos, es más fácil de lo que parece y salen mucho mejor: lo contamos en cómo tostar frutos secos en casa.

Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta con un nutricionista.

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