Sentadillas: cómo hacerlas bien y por qué conviene sumarlas
Si tuvieras que elegir un solo ejercicio para hacer en casa, la sentadilla sería una candidata muy fuerte. No necesita equipamiento, entra en cualquier ambiente y trabaja al mismo tiempo cuádriceps, glúteos, isquiotibiales y toda la faja abdominal que te mantiene derecho. Además es un movimiento que ya hacés varias veces por día sin pensarlo: cada vez que te levantás de una silla o del inodoro estás haciendo, técnicamente, una sentadilla.
Eso último no es un dato de color. Es la razón por la que vale la pena entrenarla: la fuerza en el tren inferior es una de las cosas que más se pierde con los años y una de las que más impacto tiene en la autonomía a la larga.
Cómo se hace una sentadilla bien
La versión básica, sin peso, con el propio cuerpo:
- Pies al ancho de los hombros, o un poco más abiertos si te resulta cómodo. Las puntas apenas hacia afuera, no rectas al frente.
- Bajá llevando la cola hacia atrás, como si fueras a sentarte en una silla que está detrás tuyo. El movimiento arranca en la cadera, no en la rodilla.
- El pecho se mantiene arriba y la espalda derecha. No tiene que estar vertical —al bajar el torso se inclina un poco hacia adelante, y eso es normal—, pero no se redondea.
- Bajá hasta donde puedas sin perder la postura. Lo ideal es llegar a que los muslos queden paralelos al piso, pero si tu movilidad todavía no da, bajá menos. Es preferible media sentadilla bien hecha que una completa con la espalda arqueada.
- Subí empujando con los talones, apretando los glúteos al final del movimiento.
Un truco simple para calibrar: poné una silla detrás tuyo y bajá hasta rozarla con la cola, sin sentarte del todo. Te da una referencia de profundidad y te obliga a llevar la cadera hacia atrás.
Los errores más comunes
- Que las rodillas se vayan para adentro. Es el error más frecuente y el que más molesta a la larga. Pensá en «abrir» las rodillas hacia afuera, en la misma línea que las puntas de los pies.
- Levantar los talones. Si se te despegan del piso al bajar, casi siempre es falta de movilidad de tobillo. Solución provisoria: apoyá los talones sobre un libro finito o un par de discos. No es hacer trampa, es adaptar el ejercicio mientras ganás rango.
- Redondear la espalda baja al llegar abajo. Señal clarísima de que estás bajando más de lo que tu movilidad permite hoy. Bajá menos.
- Aguantar la respiración. Inhalás al bajar, exhalás al subir. Simple.
- Rebotar abajo. Bajá controlado, hacé una pausa mínima y subí. El rebote te saca el trabajo del músculo y se lo pasa a la articulación.
¿Las sentadillas hacen mal a las rodillas?
Es la pregunta que aparece siempre, y la respuesta corta es que no, siempre que la técnica y la carga sean razonables. La idea de que la rodilla «no tiene que pasar la punta del pie» es una simplificación que se repitió durante años y que hoy se mira con más matices: en una sentadilla profunda la rodilla se adelanta un poco y eso, en una articulación sana, forma parte del movimiento.
Dicho esto: si tenés una lesión previa de rodilla, cadera o espalda, o sentís dolor —no la molestia del esfuerzo, dolor— consultalo con un kinesiólogo o un profesor de educación física antes de sumar volumen o peso. Hay variantes para casi cualquier situación.
Cuatro variantes para ir progresando
- Sentadilla a la silla: la de arriba, tocando el asiento. Ideal para arrancar de cero o si venís de mucho tiempo sin moverte.
- Sentadilla con el propio peso: la clásica, sin apoyo.
- Sentadilla goblet: sostenés algo con peso contra el pecho —una mancuerna, una botella de agua de 5 litros, una mochila cargada—. El contrapeso adelante te ayuda a mantener el torso erguido, así que muchos la hacen mejor que la versión sin peso.
- Sentadilla búlgara: una pierna por vez, con el empeine de la otra apoyado atrás en una silla. Es bastante más exigente y trabaja también el equilibrio.
Por dónde empezar
Si nunca hiciste, tres series de 8 a 10 repeticiones, dos o tres veces por semana, con un día de descanso en el medio. Cuando esas diez repeticiones te salgan cómodas y sin perder la forma en la última, sumá repeticiones primero y peso después.
Un detalle que vale más que cualquier rutina: la constancia le gana al volumen. Diez sentadillas bien hechas tres veces por semana durante dos meses rinden muchísimo más que cincuenta un domingo y nada hasta el siguiente. Si querés armar algo más completo, combinala con flexiones de brazos y ya tenés cubierto medio cuerpo sin comprar nada.
Y si tu objetivo es más amplio que un solo ejercicio, mirá también qué es realista esperar en cuatro semanas: ayuda a no abandonar en la segunda.
Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta con un profesional de la actividad física o un kinesiólogo, sobre todo si tenés lesiones previas.
